Exposicion InfantiLuz
Exposición InfantiLuz
Felipe Juan Pérez Reyes
Crítica de Arte
El pintor vuelve a mostrar sus sentimientos a través de su arte marcando un nuevo capítulo en el libro de su vida plena de emociones fraguadas en los lienzos. Felipe Juan con su pintura filosófica, ecológica y simbolista nos invita a encontrarnos con nosotros mismos por medio de sus cuadros vitalistas, llenos del encanto de un colorido diáfano y de unos mensajes que nos conducen a revivir el pasado hecho presente.
Buscar el germen de nuestra identidad, navegar en el mar de nuestras vivencias y lograr plasmar en nuestras retinas los perfiles más preclaros de nuestra identidad. Sin cuadraturas ni recovecos, Felipe Juan nos invita en esta ocasión a que nos volvamos niños, nos impregnemos de la sencillez y transparencia de unos seres vitales, sinceros y diáfanos, sin tapujos. El pintor rompe monotonías y nos invita a soñar despiertos con la mirada siempre puesta en lo auténtico y noble: El Amor.
Manuel Pérez Rodríguez.
Dedicatoria del Autor
A Fernando Doreste. Veinte años de amistad, desde aquellos lejanos pero recordados quince años… Un ser especial, espectacular, bello, elegante y llevándolo a modo de imagen: un corazón fornido, resplandeciente y que caminaba entre nosotros.
También un precioso Niño Grande que siempre brindó ayuda, atención, cuidado y sabias palabras a sus hermanos y compañeros del Camino.
Querido Hermano Fernandito (que era como lo llamábamos muchos): GRACIAS por mostrarme la importancia del servir, del brindar una manos desinteresada y provista de un amor incondicional. Has estado y ocupas un lugar importantísimo en mi corazón.
Agradecido a la Vida que me permite pincelar y caminar entre colores y a mi Familia, que me acompaña, apoya y brinda destellos.
A AmadoLuz que derivó con su Corazón en esta serie, por tanto al Guayabito y a Cali que brindaron y brindan su forma, ingenuidad, espontaneidad y encanto del Niño que llevamos dentro. Al Escritor y Poeta Alejandro Dieppa por su tiempo, ilusión y brindar sutileza con letras y formas poéticas; al Artista Antonio Sánchez por su enseñanza y compartir pictórico, al Fotógrafo Peter Baran por plasmar segundos mágicos con su fotografía; al vecino y Carpintero Paco por conformar el soporte de cada obra; al Constructor Miguel Rodríguez que en variadísimas ocasiones se responsabilizó de la casa que hemos ido construyendo en Arucas y que me evitó tantos traslados.. A la Asociación de Autoayuda, Ong AdA por existir y por los talleres y convivencias-taller del Niño Interior que han sembrando semillas de corazón, vivencias y nutrieron y nutren a mi Niño, ¡GRACIAS!
Gracias también a quienes han colaborado en lo musical, lo poético, en la colocación de cada muestra que conforma este proyecto y a todos aquellos que brindand su tiempo y visión para con esta serie. Un abrazo con cariño:
Felipe Juan
Poema: Colores
Salpicando sus colores
olas bailan en la rueda,
y en la esquina de mi casa
la espuma y la sal se quedan.
Relumbres de luna blanca
coge en sus manos mi niño,
abrigando soledades
en la casa donde vivo.
Blanco pinta con las nubes,
presta su amarillo el sol,
rosado de atardeceres
al cuadro le dan color.
El niño inventa la risa
pintando con sus deditos,
para vestir de colores
las paredes del pasillo.
Es la noche negra, negra,
las estrellas se han marchado,
la luna llena, celosa,
tras el monte se ha quedado.
El niño dibuja al viento
barquichuelos navegando.
El sol no sale mañana:
con mi niño está jugando.
Francis Gracián.
Poema: PETER Y PAN
Sueñan los niños felices,
que marchan con Peter Pan
en un barco por el cielo
sobrevolando la mar.
Una mar hecha de azúcar,
con trampas de caramelo,
para las patas de moscas
que son las patas del miedo.
Y así marchan noche y día
con el rumbo a la alegría,
por el camino dorado
que ha trazado “Campanilla”.
Tienen los niños felices
un patio particular,
que cuando se llueve se moja
como todos los demás.
Más, no se mojan los niños,
pues son sabios en cobijos,
donde comen chocolate
y juegan al pillo, pillo.
¡Benditos niños dichosos!,
que saben lo que es soñar,
pues conjugan en presente
los tiempos del verbo amar.
Pero existen niños tristes
que no saben que es jugar,
porque no tienen mañanas
y no pueden navegar.
Cuando pienso en esos niños,
pregunto: ¿Qué soñarán,
sabrán lo que es un velero,
quién es Peter y los demás?.
Cuando el aguijón del hambre
no les dejan descansar,
con los ojos como platos,
tan sólo piensan en pan.
Ana María Armas R.







- Serie InfaniLuz
Mi amigo Mumu
Había una vez un niño que vivía en una casa de esas que tienen tres habitaciones, cocina, baño, salón, garaje y desván en la parte superior de la vivienda, en el cual sus padres guardaban todos los trastos inútiles de la casa y, aún así, les sobraba espacio para que su hijo jugara holgadamente.
Al niño no le faltaba de nada dentro de su entorno familiar, excepto una de las cosas más importantes de este mundo: amigos… Por eso Nacho se había buscado uno imaginario al que cariñosamente llamaba Mumu.
– Mis padres hoy tampoco pueden jugar conmigo. Será mejor subir al desván – solía decir a menudo el niño a su amigo imaginario.
Cuando Nacho entraba en aquel lugar de la casa parecía como si el tiempo se parara. Y una mañana, o una tarde nublada, las vivía como si hubiesen pasado años de felicidad.
– He oído decir a mi madre que pronto tendré un hermanito. ¡Mumu! ¿Qué haremos cuando llegue? – le dijo por sorpresa a su amigo un soleado día de verano.
Asustado por la llegada del hermano, el amigo imaginario aconsejó a Nacho emprender una excursión al lugar secreto donde: el niño y su padre solían jugar en los primeros años de su vida. Por eso éste entró a hurtadillas en la cocina y abasteciéndose de todo lo necesario lo guardó en la mochila del colegio. Saliendo, posteriormente, al jardín y de allí, por la parte trasera de la casa, al barranco que había detrás de ésta.
– Antonio. Sube al desván y dile al niño que baje a comer – gritó la esposa desde la cocina.
– ¡Voy cariño! Termino de limpiar este cristal y subo enseguida – contestó su marido desde el salón.
El padre, al comprobar que su hijo no se encontraba en su habitual lugar de juegos lo buscó por el resto de la casa y más tarde en el jardín…
Mientras, en una de las márgenes del barrando donde el niño y su amigo se habían refugiado Nacho charlaba con Mumu.
– Tus padres no te quieren. Si te quisieran no hubiesen mandado a buscar un nuevo hermanito.
– ¡No, Mumu! Ellos me quieren. No te das cuenta que la única razón por la que mi hermanito viene es porque no quieren que esté solo.
– Nacho, cuando tu hermano nazca yo desapareceré y entonces sí estarás solo de verdad. ¿Dime? ¿Quién jugará contigo? Tu padre desde hace tiempo no lo hace porque llega cansado del trabajo y tu madre se dedicará en cuerpo, y alma, a tu hermano pequeño…
En la vivienda la histeria se había apoderado de los padres de Nacho; pero entonces, al padre le vino el recuerdo de donde llevaba a su hijo a jugar cuando era más pequeño.
– Teresa, tranquilízate… Pues ya sé donde puede estar nuestro hijo – comentó con esperanza.
El matrimonio salió corriendo como alma que huye del diablo en dirección al lugar indicado por el padre y allí encontraron a su hijo hablando solo.
– Mamá. Papá. ¿Quién os dijo que estábamos aquí? – Preguntó el niño sorprendido.
Madre y padre se abrazaron a Nacho con ternura y, a partir de aquel día, la vida cambió para él. Ya que su padre, cuando regresaba del trabajo, le ayudaba con sus tareas escolares y cuando terminaba jugaba un rato con él; mientras que su madre, a medida que aumentaba su barriga de tamaño aumentaba las muestras de cariño hacia su hijo.
Con el tiempo, Nacho se fue olvidando de su amigo imaginario hasta que Mumu desapareció dejando un grato recuerdo en la memoria del niño.
Y colorín colorado este cuento se ha terminado.
La moraleja del cuento nos dice que: «Cuando nuestros hijos nos reclamen deberíamos, en lo posible, estar con ellos».
Alejandro Dieppa León
Mi obra pictórica es una obra simbólica, algo surrealista y constituye un canto a la Naturaleza y a la Luz, aquella que nos rodea y ante todo, lo que se encuentra en nuestro Interior.
