La Senda del agua en Barlovento

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La senda del agua en Barlovento

Horacio Concepción García

El paisaje geográfico es la trascendencia de las interrelaciones de fenómenos físicos, biológicos y humanos que se producen en un espacio o lugar. La huella del agua y su ciclo natural en el paisaje del municipio de Barlovento, está conformada por un conjunto de diversas manifestaciones, que emergieron en un espacio bendecido por la abundancia de agua respecto a otros lugares del territorio canario. El agua, origen y sustento de la vida, es nube, es nieve, es manantial; se constituye como núcleo en torno al cual se organizaba un asentamiento, por eso se puede suponer que una de las primeras urgencias sentida por la humanidad, fue el aprovisionamiento de agua.

El agua ha sido, desde tiempos remotos, símbolo de purificación y limpieza de espíritu para la mayoría de las creencias religiosas.

Fotografías: Lucas Rodríguez Vassou y Horacio Concepción García

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Las infraestructuras del agua, representan uno de los aspectos más genuinos y cardinales del patrimonio hidráulico y etnográfico de Barlovento. Los sistemas de abastecimiento de agua para los asentamientos humanos, no son sino las respuestas que a lo largo de la historia, se han originado dependiendo de las condiciones de cada lugar. Para avecinar el líquido elemento hacia donde hubiera población que abastecer, vida animal, o vegetal que arraigar, con las Heredades de Aguas surgieron a principios del siglo XVI, en La Palma, las construcciones hidráulicas modernas: canales, acequias (palabra que proviene del árabe assáqya: zanja o canal por donde se conducen las aguas), etc. Las acequias de dimensiones reducidas se denominan también atarjeas o tajeas. Para captar y distribuir el agua en sus necesidades, se generaron una extensa red arterial de conducciones de agua desde las cumbres y medianías hasta las zonas bajas. En un primer momento estas canalizaciones se hicieron mediante hendiduras en el suelo, apisonando los surcos de tierra laterales que formaban unos bordes e impermeabilizando el lecho por donde discurrían las aguas con cienos y limos. En sus proximidades se plantaban ñames, berros y hortalizas. Con posterioridad las acequias fueron conformadas a través de excavaciones en la toba (tosca) u otro modelo reforzado con muros de piedra o con obra de fábrica en mampostería ordinaria[1]. Las acequias principales disponían, a lo largo de su recorrido de quebraderos, desvíos a otras acequias secundarias y otras conducciones, por medio de la apertura de una compuerta. Los aliviaderos, rebosaderos o respiraderos servían para calmar las aguas y evitar derrames; eran obras puntuales que se hacían en determinados tramos de las acequias, pero también en los canales y las cantoneras[2].

Fotografías: Lucas Rodríguez Vassou y Horacio Concepción García

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La senda del agua constituía el centro de la organización espacial de la vida; el naciente es el lugar por el que brota o mana agua del subsuelo de manera espontánea, la denominada madre del agua. El minadero o tomadero es un punto por donde resume el agua, siendo habitual que el rebrote se produzca desde el techo de una cavidad, normalmente una cueva, o desde grietas en los riscos, por lo que recibe entonces el nombre de gotera o goteras; así nos encontramos en la toponimia del municipio con: Cueva de Agua (en Gallegos y Las Paredes); la Fuente de las Goteras (en Gallegos y Lomo Machín Alto), Las Goteras, Camino de las Goteras, etc. Desde la madre del agua salía la tomadera o cogedera que se encauzaba por medio de las canales de tea o lances[3], también reflejados en la orografía barloventera: Camino de los Lances (Las Cabezadas); Fuente de los Lances (El Pueblo); Pinar del Lance (Las Cabezadas); etc.

Fotografías: Lucas Rodríguez Vassou y Horacio Concepción García

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Las fuentes son la voz del agua, construcciones de diversas tipologías y estilos, donde la parte funcional consiste en un grifo y una pileta en la que se vierte el agua para su aprovechamiento; son testigos de una etapa en que todavía no estaba en vigor el abastecimiento domiciliario del agua. El término pila (destiladera) se utilizaba para el rincón de las casas destinado a filtrar y mantener el agua fresca que se deposita en el hueco de una piedra porosa con forma cóncava y que suele adornarse con una especie de cenefa de culantrillo, debajo de la cual se coloca la talla o bernegal que va recibiendo el agua decantada gota a gota. Las fuentes o chorros públicos suelen comprender una pequeña obra de fábrica donde se capta y recoge el agua, pudiendo ser excavada o esculpida en el propio terreno si se daban las condiciones para ello. Por lo general el agua sobrante de una fuente iba mediante una canalización hacia un pequeño depósito que servía de abrevadero, y a continuación en nivel inferior pasaba a unos lavaderos (piletas) para continuar hacia un pequeño estanque o alberca. Las piletas para los animales eran construcciones muy sencillas de acuerdo con la funcionalidad encomendada. En algunas fuentes tanto el abrevadero (dornajo) como lavaderos se encontraban empotrados o se hacían con un tronco de pino grueso, ahuecándolo; así se denominan en Barlovento: la Fuente del Dornajo y Roque del Dornajo (Gallegos); Caldero de la Pileta (Topaciegas); Barranco de la Pileta (La Palmita); Las Piletas (Gallegos; La Palmita; Las Cabezadas; La Tosca); Fuente de las Piletas (Gallegos); etc.

Fotografías: Lucas Rodríguez Vassou y Horacio Concepción García

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El agua es un elemento fundamental en la cultura amazigh, ya que desde su visión cosmogónica las fuentes y manantiales representaban, además de un lugar para el abastecimiento, un punto de contacto entre el mundo de los seres vivos y los muertos. Según sus creencias, el alma vegetativa de sus antepasados buscaría el agua y la humedad que ofrecen estos lugares, aportando ellos a estos espacios la fertilidad. Uno de estos espacios que ha sido sacralizado en Barlovento por los awara es la Fuente de la Fajana, donde en un panel de toba volcánica próxima a la misma, aparecen 5 antropomorfos de diferentes tamaños y formas, destacando la silueta de un nabiforme, además de diferentes sistemas de canaletas y cazoletas[4].

Las aguas de la Fuente de la Fajana fueron consideradas medicinales por autores como Juan de la Puerta Canseco, quien en 1863 mencionaba su utilización como terapéuticas.

«Aguas muy estimadas por sus propiedades medicinales[5]».

Es una de las pocas situadas en zona costera de la isla que aún posee caudal. Otra de las fuentes interesantes del municipio es la de Diego de Madrid, donde se ubica la Cruz de Madrid (una cruz de calvario). Es un elemento decorativo conformado por un esgrafiado; una modalidad de dibujo en el que se hacen hendiduras sobre elementos, de manera superficial, quedando expuesta su parte inferior. Esta fuente fue una de las más importantes ya desde el siglo XVI: «y por otra parte con el camino que va desde el citado camino real a la fuente que dicen de Diego de Madrid (1559)»[6].

Fotografías: Lucas Rodríguez Vassou y Horacio Concepción García

La búsqueda del agua, generaba en el pasado métodos tan curiosos como este: «Para conocer donde hay agua debajo de tierra toma una olla o lebrillo que no sea vidriado. Harás un hoyo en la tierra donde jugas hay agua, ancho 3 a 4 pies, y hondo 5 o 6 en cuyo hoyo pondrás boca abajo el lebrillo, luego tápale con cañas y hojas encima, llénalo de la tierra que cavaste. A la mañana quita la tierra, y saca tu lebrillo u olla, y si por la parte de adentro le hayas algunas gotas de agua, es señal que en ese paraje hay mucha agua».

Fotografías: Lucas Rodríguez Vassou y Horacio Concepción García

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El patrimonio inmaterial de Barlovento surge del manantial de la memoria de sus habitantes, recordando antiguas costumbres, ya en desuso, algunas sepultadas bajo el monte, piedras y barro. Los abrevaderos y lavaderos, antaño punto cardinal en la vida de los barloventeras/os, yacen hoy sin la presencia de pastores, ganados y viajeros, que a ellos concurrían a apagar su sed[7]. La supervivencia del paisanaje y de los paisajes agrarios del municipio, nos enseñan a valorar la importancia del agua en la vida cotidiana, y tomar conciencia de la responsabilidad que todas las personas tenemos en la preservación de un recurso imprescindible para la vida como es el agua. En su sobriedad y rusticidad, las fuentes de Barlovento concentran unos rasgos típicos que le añaden un especial atractivo, las cuales nos ofrecen a nivel turístico un recorrido por: la Fuente de las Mimbreras; Fuente de la Tosca; Fuente del Llano; Fuente Pizarro; Fuente la Gallega; Fuente Faya Felipe; Fuente de la Fajana; Fuente de las Fontiñas; etc.; viaje que nos desvela hermosos rincones donde podemos contemplar algunos de estos libros abiertos al pasado que son las fuentes.

La historia de las aguas de Barlovento fue ayer, son hoy, y serán mañana, testimonio de sus habitantes.

Fotografías: Lucas Rodríguez Vassou y Horacio Concepción García

[1] Díaz Hernández, Ramón. «El paisaje del agua en Canarias». En: Ciclo en torno al agua en Canarias (2000).

[2] Suárez Moreno, Francisco. «Historia y Cultura del agua en Canarias». En: I Jornadas de Cultura del Agua, 16 de mayo de 2011.

[3] Concepción García, Horacio. Historia de Barlovento [1493-1918]. Trabajo en preparación.

[4] Concepción García, Horacio. Historia de Barlovento [1493-1918]. Trabajo en preparación.

[5] Concepción García, Horacio. Historia de Barlovento [1493-1918]. Trabajo en preparación.

[6] Concepción García, Horacio. Historia de Barlovento [1493-1918]. Trabajo en preparación.

[7] Concepción García, Horacio, Pellitero Lorenzo, Néstor José. «La Ruta de las Fuentes (Barlovento, La Palma)». En: www.bienmesabe.org, jueves 07 de Enero de 2016, nº 608.

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