Extraterrestres

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Oswaldo Paz Pedríanez

Me van a perdonar. Ya sé que no es una buena manera de comenzar un texto, pidiendo disculpas. Pero insisto, me van a tener que perdonar. Y me explico: voy a hablarles de esa extraña especie invasora que se ha instalado poco a poco entre nosotros, casi sin darnos cuenta, y que ahora agitan las banderas del miedo, de la necesidad, del “no puedes vivir sin mi opinión, que es ley, que marca el camino”. Han acertado: hablo de los tertulianos.

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Y por segunda vez en apenas cinco o seis líneas, vuelvo a pedir perdón. Esta vez por el sacrilegio que voy a cometer tras los siguientes dos puntos: mezclar en la misma frase el concepto “tertulianos” con José Saramago. Como ven, era obligado anticipar la solicitud de clemencia por parte del lector. Decía el portugués que había aprendido “a no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro”. Y yo añado: “amén”. Podría ser que la mayoría de los tertulianos no han leído nunca nada de Saramago (tampoco nos vamos a poner espléndidos a estas alturas), o que pensaran -como alguna política venida a menos- que se trataba de una señora de nombre Sara y de apellido Mago. Pero creo que lo relevante no es quién dijo la frase, sino el contenido de la misma. Porque puede ser que solamente me pase a mí, pero no soy capaz de integrar en mi forma de estructurar la realidad, el hecho de que una misma persona pueda sentar cátedra sobre el cambio climático o los avances de la ciencia en la cura del cáncer, y al minuto siguiente opine con el mismo rigor, y con el mismo rictus serio en el rostro, sobre la reproducción del mejillón tigre en cautividad en las piscifactorías de las costas de Magadascar durante las noches de luna llena. O lo que es peor, que intente convencer al oyente de que lo importante es lo blanco, para al minuto siguiente decir que lo importante es lo negro, y realizar ese tránsito sin ni siquiera ponerse rojo. Cuestión de colores.
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A veces me sorprendo mirando fijamente la televisión, escuchando a algunos de estos extraterrestres practicando sus abducciones, sin darme cuenta de que me resbala la baba por la comisura de la boca, ensimismado, mientras oigo en el interior de mi cerebro cómo se van suicidando, una tras otra, miles de neuronas que en su agonía emiten un último y desgarrador grito a lo que queda de materia gris: “¡Huye mientras puedas! ¡Corre!”. Y hay algo aún más terrible: muchos de ellos tienen el don de la ubicuidad. Los puedes ver el mismo día en diferentes cadenas de televisión, en diversas emisoras de radio o en internet, sin parar de opinar, de lanzar mensajes apocalípticos o haciendo publicidad de colchones, inasequibles al desaliento. Cuando tumbado en el diván le conté a mi psicoanalista que había un señor que me hablaba todos los días desde la televisión, diciéndome lo que tenía que hacer, y que luego lo escuchaba en la radio, y luego en otra
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televisión, y así en un bucle infinitivo, su reacción fue la esperada de un profesional serio y responsable: derivarme al psiquiatra para que me prescribiera algún antipsicótico. La medicación no ha logrado que desaparezcan los tertulianos, pero por lo menos ahora me rio. Además, creo que también he recuperado parte de la lucidez perdida, porque releyendo a Saramago, se me ha ocurrido una propuesta para los dueños de los medios de comunicación de masas a la hora de seleccionar a los pensadores que adoctrinan desde sus púlpitos del saber, o mejor dicho, a la hora de elegir a los vendedores de crecepelo que ejercen de trileros desde las butacas de los platós. Decía el premio Nobel en su discurso de aceptación de dicho galardón lo siguiente: “El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir”. Señores que dirigen el mundo de la “información”: las personas con este perfil, serenas, tranquilas, sabias, no intentarán jamás colonizarte. Otra cosa es que a ustedes les guste más el circo. De nada.

Oswaldo Paz

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Oswaldo Paz Pedrianes (Garafía, La Palma, 1971) es Psicólogo y Terapeuta Familiar. Su carrera profesional ha estado dirigida a la ayuda especializada a menores en desamparo y sus familias en el ámbito social, trabajando en diferentes entidades a lo largo de su trayectoria. Actualmente desempeña su rol profesional centrado en la problemática del Acoso Escolar.