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Oswaldo Paz Pedrianes

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Seguramente son el resultado de las fantasías de un demente, de un ser obsesionado con marcar el territorio, con una idea clara de determinar los límites, de desterrar dudas, de trazar con pintura roja en el suelo la raya del “hasta aquí”. Pero esa mente cuadriculada, estructurada, encajonada en las formas rectas y con fobia evidente a lo romo, a lo curvo, también proyectó el efecto sorpresa, la incertidumbre, la certeza de que puedes encontrar cualquier cosa tras una de ellas, desde tu mayor enemigo hasta el amor de tu vida.

O un mendigo sentado en el suelo ante un sombrero, con el interior salpicado de unas pocas monedas con escaso valor. Sólo hace falta “doblar la esquina”.
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Se pueden doblar muchas cosas: un papel, una servilleta, una apuesta…pero nada como doblar una esquina. Puedes hacerlo despacio o con paso firme, puedes asomar previamente la cabeza como un explorador avezado o desafiar a la suerte sin reconocer el terreno, puedes mantener la vista al frente o clavar tus ojos en el suelo, puedes emitir un grito de advertencia antes del giro o contener la respiración mientras te santiguas.

Lo que nunca te generará una esquina es indiferencia, aunque esté descascarillada, desnuda de yeso o cemento, mostrando su ropa interior de ladrillos rojos sin avergonzarse.

Hay esquinas pobres, básicas, peladas, húmedas, vacías. Esas que dan pena, que generan un nudo en la garganta y ganas de llorar. Y también hay esquinas que sacan pecho, las elegidas, a las que se les ha encomendado una misión fundamental para quienes las bordean. Estas son las que sostienen señales de tráfico para evitar colisiones, las que soportan una placa con el nombre de una calle y hacen de brújula para los viandantes, o las que sostienen una farola para guiarnos en la oscuridad.

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Sin embargo, estos recodos siempre aparecen en nuestro imaginario con una connotación negativa, vilipendiadas. Cuando éramos niños y nos portábamos mal, nos enviaban al rincón. ¿Y qué es un rincón? Una esquina.
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Cuando no sabemos dónde poner algo, lo ponemos en una esquina. Cuando queremos evitar hacer frente a un problema, lo esquinamos. Reivindico el buen nombre de las esquinas, esas que son el pegamento que junta dos lados, que acercan dos caras, que ejercen de rascadoras de espaldas, que son cruces de caminos, puertas con forma de aristas que al traspasarse muestran otras realidades, o las cuatro esquinitas de mi cama. Por no hablar de los rincones del alma, los más escondidos, esos que guardamos bajo llave. Esos también son esquinas. ESQUINAS

Oswaldo Paz Pedrianes

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Oswaldo Paz Pedrianes (Garafía, La Palma, 1971) es Psicólogo y Terapeuta Familiar. Su carrera profesional ha estado dirigida a la ayuda especializada a menores en desamparo y sus familias en el ámbito social, trabajando en diferentes entidades a lo largo de su trayectoria. Actualmente desempeña su rol profesional centrado en la problemática del Acoso Escolar.

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