El Llano de las Ánimas

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El Llano de las Ánimas
Puntagorda

Horacio Concepción García

Tajinaste en Flor

Foto: Miguel Calero

En las cumbres de Puntagorda existe una alegoría dentro de una Isla en el cielo, lugar de conexión con la naturaleza del tiempo a través de la intuición.

El Llano de las Ánimas ofrece un hermoso cántico en primavera, escenificado por los admirables vergeles de tajinastes rosados (Echium wildpretii ssp. trichosiphon), exclusivos de las cumbres de La Palma. Un recorrido por un genuino cuaderno de bitácora, que culmina con el hallazgo de una perspectiva que pertenece al inconsciente colectivo presente en los espacios abiertos. Desde la altura de este templo que es el Llano de las Ánimas, la creación surge en consonancia con el que mira su entorno, donde se respira, se detiene el tiempo, la emoción y las sensaciones en un instante infinito. La naturaleza de sosiego inquietante que ofrece el cielo de este espacio tan misterioso de Puntagorda, cuasi vacuo y de engañosa apariencia inhóspita, se conforma pleno de silencios que se escuchan.

Tajinastes en Flor

Foto: Miguel Calero

Sol en el Horizonte

Foto: Miguel Calero

El entorno del Llano de las Ánimas, ubicado a unos 1.950 metros de sobre el nivel del mar, constituyó un lugar donde los indígenas, durante el pastoreo estival, aprovechaban los abrigos y covachas o construían pequeñas cabañas de piedra. A lo largo de siglos, se generaron multitud de relatos relacionados con las creencias religiosas y supersticiones populares, que situaban en este entorno, luces, apariciones espectrales extraños lamentos y otros fenómenos paranormales, atribuidos a las almas en pena.
Tajinaste al atardecer

Foto: Miguel Calero

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Desde la aparición del hombre, el culto a los muertos se arraigó profundamente en diferentes civilizaciones. Las ánimas que penaban en el purgatorio eran consideradas como Ánimas Benditas, y estas tenían la virtud de interceder por los vivos ante Dios. Así, nacen la Cofradías de las Benditas Ánimas de Puntagorda, que fue fundada en el antiguo templo de San Amaro en el siglo XVI.

Ocaso de sol

Foto: Miguel Calero

Pinos

Foto: Miguel Calero

El Llano de las Ánimas no se limita a lo visible, lo más significativo de este territorio es ampliamente invisible. Más allá de las apariencias y de lo sensible, hay que explorar bajo la línea del horizonte la potente acumulación de hechos y dar sentido a lo sensible, que vuelve a enraizar este lugar con lo más profundo y lo más oculto de su territorio y de su historia natural. Son numerosos los testimonios que relatan encuentros con misteriosas luces en las noches calmas y sibilinas.

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De este modo, pequeñas luminosidades, que a veces puede variar de dimensiones durante unos segundos, se desplazan de forma aparentemente inteligente cambiando de dirección y velocidad repentinamente. También, figuras extrañas como la de un anciano vestido de negro, de aspecto robusto y esbelto, curtido por la intemperie, acompañado por un iruene (perro lanudo de aspecto fiero), se muestran como impasibles presencias.

Foto: Miguel Calero

Monte de pinos

Foto: Miguel Calero

El espacio y el tiempo, coordenadas en las que se resuelve la vida humana, lo que hay entre nacer y morir, son más perceptibles en el Llano de las Ánimas. A uno y otro lado de la línea del horizonte, donde el cielo y la tierra se reencuentran, acontece una miscelánea visible y sensible, colorista, en movimiento, como un pensamiento, expresado en el siempre probable vuelo de unas alegres grajas.

Paisaje de nubes

Foto: Miguel Calero

Tronco de arbol

Foto: Miguel Calero

Horacio Concepción Garcia.

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Sociedad de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Canarias

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