El Desembarco de los Indianos de Santa Cruz de La Palma

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El Desembarco de los Indianos de Santa Cruz de La Palma.

Redacción

«Ha cruzado el mar en busca de fortuna, y después de batirse unos cuantos años con la suerte en América del Sur o en nuestras pérdidas Antillas, retorna al rincón paterno, más limpio que una patena o que el ojo de un mono, que dicen en la patria de Bolívar». Con estas palabras resumía el escritor lanzaroteño Isaac Viera y Viera el retrato de los palmeros que, a principios del siglo XX, desembarcaban en la orilla del viejo terruño tras un tiempo de trabajo en la América Latina. Y es en este contexto del tornaviaje, continuo desde el siglo XVI, en el que nace la tradición festiva Los Indianos, celebrada en Santa Cruz de La Palma cada lunes de Carnaval.

Las noticias más tempranas de la fiesta se remontan a mediados del siglo XIX, en que consta, según el testimonio de Benigno Carballo Wangüemert, que tras el avistamiento en el horizonte de veleros procedentes de Cuba, la ciudad entera suspendía su actividad cotidiana para dirigirse hasta el puerto y recibir a los indianos nuevos: unos traían dinero para saldar viejas deudas, otros joyas para las jóvenes casaderas y otros cartas para entregar a algún vecino o conocido. Muchos de los que se acercaban al muelle lo hacían inspirados por su espíritu novelero, en busca de escudriñar quiénes desembarcaban llenos de fortuna.

La recepción de los indianos se acompañó siempre de un bullicio callejero que a menudo se acompañó de la quema de fuegos, presentes siempre en cualquier manifestación festiva; por su parte, los indianos añadieron a la novedad de los productos que traían consigo (indumentaria, joyería, tabacos puros…) la entrada en la isla de nuevos ritmos musicales que vinieron desde entonces a enriquecer el acerbo folclórico insular: la habanera, heredera de las antiguas danza criollas, el son y la guaracha, mezclas de otros ritmos africanos y españoles, la guajira, con sus características décimas de asunto campesino…

El tiempo corrió entonces… y en la década de 1920 un conjunto de amigos, agrupados en la sociedad humorística La Poteca, inicia entonces el primer desfile de indianos, ahora sí, en el marco del Carnaval. Músicos, poetas satíricos y reconocidos juerguistas de esos años, «gente de buen humor, discreta y ocurrente y dispuesta para todo; sobre todo, para comer y beber sin ningunos miramientos», como Juan Henríquez Brito o Juan B. Fierro Vandewalle, integraron aquellos pasacalles que finalizaban con los bailes de salón celebrados en el Teatro Chico y en el Circo de Marte.

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Pasados unos treinta años, en 1966, coincidiendo con la recuperación de otro viejo número carnavalesco, la Boda de don Tadeo de Fonseca con doña Narcessette de Petray, los indianos de los felices años 20 se reintegran en el programa del Carnaval, institucionalizándose su celebración en la tarde del lunes. Desde el Servicio Náutico del Real Nuevo Club (en la antigua avenida de Bajamar, hoy avenida de Los Indianos) partía la comitiva, vestida con guayabera, jipijapa, leontina o traje de cubana, que era recibida con música de rumbas y ron.

Desde entonces, la fiesta se fijó en el calendario del Carnaval de Santa Cruz de La Palma como expresión de una herencia, la de la migración hispanoamericana, que ha sabido convivir con un modo de ser del palmero, asiduo a la cita cómica y amigo de la burla y el buen humor.

Polvos de talco

La tradición lúdica de tirar polvos de talco en el Carnaval de Canarias se documenta al menos desde el siglo XVIII. En este sentido, constituye un buen ejemplo el testimonio aportado por Lope de la Guerra, según el cual, en vísperas de Carnestolendas, los estudiantes prevenían huevos de talco para arrojárselos al maestro cuando entraba en el aula. Pero sin duda, el retrato más detallado de estos rituales, vinculados al cortejo juvenil y contextualizados en el Carnaval, lo proporciona el cónsul británico en Tenerife Francis Coleman Mac-Gregor durante su estancia isleña a principios del siglo XIX: «Los jóvenes, a pie y a caballo, recorren en tropel las calles y empolvan a los que encuentran a su paso con polvos de tocador, o incluso, con añil, sin consideraciones de ningún tipo a la clase social o a la edad. Cuando se pasa bajo las ventanas de muchachas jóvenes, ya están éstas dispuestas para envolver a sus conocidos con una nube de polvo procedente de sus borlas y para rociarlos con agua de colonia».

En La Palma, las referencias sobre los polvos de talco en el Carnaval datan de finales del siglo XVIII, en que una disposición real prohibía «tirar en las calles, sitio público de plazas, paseos ni otros sitios, huevos con agua, harina, lodo ni otras cosas con que se pueda incomodar a las gentes y manchar los vestidos y las ropas, ni echar agua clara ni sucia en los balcones, y ventanas con jarras, xeringas, ni otros instrumentos».

Erradicada la costumbre en otros lugares del territorio nacional, el Carnaval palmero mantuvo, a pesar de las censuras oficiales, la tradición de los enjarinados o empolvados, que, provistos de huevos rellenos de confeti, harina o polvos, y más modernamente de tarros, han llenado y llenan las calles y otros lugares públicos de una espectacular marea blanca. La mentalidad ilustrada, que consideraba impropio de un pueblo civilizado estas manifestaciones, lograría espantar en algunas ediciones esta tradición, como pone de manifiesto una crónica del Carnaval de Santa Cruz de La Palma de 1913, en la que su autor se lamenta de la ausencia, en aquella edición, de las «lucidas batallas de los huevos repletos de harina y de picadillo, que á millares se estrellaban en los marcos de

las ventanas, cayendo en lluvia multicolor sobre las bellas cabezas de las muchachas, que respondían briosamente al ataque con otros tantos proyectiles».

En 1981, el Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma institucionaliza la batalla de polvos de talco en el marco del desfile de Los Indianos, garantizando de ese modo la conservación perenne de estos juegos de guerra incruenta en el Carnaval.

Indumentaria indiana

Los testimonios textuales e iconográficos del retorno de los indianos a La Palma demuestran que, al menos desde principios del siglo XX, la figura del emigrante enriquecido procedente de Cuba llevaba aparejada una indumentaria característica, signo inequívoco de su identidad. En el caso de los hombres, se tocaban con un sombrero panameño, «peculiar distintivo de la indumentaria sudamericana» —según Isaac Viera—, trajes de lino blanco o color crema, botines y la también indispensable leontina de oro. Con mostacho, a la moda guajira, o barba, el hombre indiano suele portar sortija con brillante y un gran habano.

En el caso de las mujeres, los colores claros, propios del trópico, elaborados en ricas telas (seda, lino o algodón), suelen presentarse cargados de blondas y encajes, no faltando la joyería (en pendientes, collares y pulseras de oro o plata, con perlas o esmeraldas y otras piedras preciosas engastadas) ni una amplísima gama de sombrerería.

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Además, tal y como ha quedado reflejado por las acuarelas de los hermanos Fierro Vandewalle y varias referencias textuales, a menudo, los indianos van acompañados de un atrezzo muy particular también: el baúl-mundo, un loro enjaulado «que habla más que nuestros modernos retóricos parlamentarios» —como explicaba con sorna Isaac Viera— y otros complementos.

En los últimos años, el intento de recuperación historicista de la indumentaria festiva de Los Indianos, el Taller Municipal de Costura del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma imparte, entre los meses de diciembre y enero, un curso práctico de confección de trajes, bolsos y sombreros, muchos de los cuales se han presentado en exposiciones temáticas y ferias de artesanía.

El “escenario” (o entorno)

El Carnaval de Los Indianos no sería lo mismo si el entorno en el que se celebra fuera otro. El Desfile discurre por la Calle Real (calles O’Daly y Anselmo Pérez de Brito), corazón del casco antiguo de Santa Cruz de La Palma, declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico-Artístico en 1975.

Plagada de inmejorables ejemplos de arquitectura típica canaria, así como de otros estilos que fueron llegando a La Palma con el paso del tiempo, estas calles nos trasladan con su aire colonial a épocas pasadas.

Pero la fiesta no se limita únicamente a la Calle Real. Todo el casco antiguo de Santa Cruz de La Palma se ve inmerso en una nube blanca, pues por sus plazas de distribuyen varios escenarios en los que los grupos de música cubana nos hacen disfrutar con sus ritmos a lo largo de todo el día.

La música

La música es otro de los elementos característicos de Los Indianos.

El regreso a la isla de los emigrantes palmeros trajo consigo nuevos ritmos musicales que han enriquecido el acerbo folclórico insular: la habanera, heredera de las antiguas danzas criollas; el son y la guaracha, mezcla de ritmos africanos y españoles; la guajira, con sus características décimas de temática campesina; etc.

En 2014, se estrena la obra “Sangre Indiana” o “conga de la Negra Tomasa”, del autor palmero, Francisco Medina, la cual pretende ser un himno con el que se reciba a la Negra en la Plaza de España.

La Negra Tomasa

El personaje más destacado de Los Indianos es la Negra Tomasa, figura que encarna Víctor Lorenzo Díaz, más conocido como “Sosó”, conocido vecino de Santa Cruz de La Palma.

A mediodía se representan en la Plaza de España, que durante la celebración es renombrada como “Plaza de La Habana”, los actos de La Espera y del Recibimiento de la Negra Tomasa, tras los cuáles se da comienzo oficial al carnaval indiano.

Los Indianitos

Domingo de la víspera. En la plaza de España, talleres de baile, de caretas, espíritu de los indianos, indumentaria… Desfile plaza de España, calle O’Daly, Correos y vuelta por Álvarez de Abreu.

Sangre Indiana o Conga de la Negra Tomasa

¡Al carnaval palmero me voy, donde mejor se puede gozar!

Viene la conga que nadie la desalma, guantanameras, guajiras orientales; Son los indianos que llegan a La Palma, embajadores blancos y universales. Todo son juegos, gracias y diversiones, polvos de talco para alfombrar la plaza, con guayaberas de crudos algodones, mulatas finas y la Negra Tomasa.

Que es lo que pasa Negra Tomasa Coges la guagua pa ir a la plaza Que es lo que pasa Negra Tomasa Coges la guagua pa ir a la plaza

Negra Tomasa, menea la cintura, Negra Tomasa, agita la cadera, y no la agarra ni una derrengadura ¡la gente dice que es la más sandunguera! Que la sandunga no es igual que la conga, no hay quien la baila hasta por la mañana, Negra Tomasa que a la calle se alonga viene arrollando con esta sangre indiana.

Que es lo que pasa Negra Tomasa Coges la guagua pa ir a la plaza Que es lo que pasa Negra Tomasa Coges la guagua pa ir a la plaza

¡Al carnaval palmero me voy donde mejor se puede gozar! ¡Al carnaval palmero me voy donde mejor se puede gozar!

Fuente: Concejalía de Fiesta del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma

Fotografías: Concejalía de Fiesta del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma

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