A Casa José Saramago

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A Casa José Saramago
Tías, Lanzarote

Belén Lorenzo


En Tías existe una casa donde los relojes quedaron inmóviles a las cuatro de la tarde. El tiempo siguió transcurriendo fuera, mientras dentro se sucedían unos instantes propios y distintos, creados por José Saramago y Pilar del Río. Ambos se conocieron en Lisboa un 14 de junio a esa precisa hora. A partir de entonces sus pasos avanzaron juntos por un camino que los llevaría hasta Lanzarote, donde llegaron de visita y en donde construyeron un hogar de libros y árboles.

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La casa donde vivieron se encuentra hoy abierta al público. Es posible recorrerla y observar con calma sus detalles acompañados de una guía que ilustra con mimo cada rincón: el estudio, el salón, la cocina, el jardín…

Es fácil imaginar a José Saramago en esos lugares y pensar que estamos compartiendo el mismo espacio con él durante unos momentos.

Podemos entrar en su estudio, donde una lámpara ilumina su mesa de trabajo. Allí comenzó a escribir Ensayo sobre la ceguera, rodeado de libros y de discos de música. A su izquierda, una ventana le permitía observar el paisaje mientras la historia fraguaba en su interior.

En el salón, su lugar de descanso, se muestran cuadros inspirados en sus escritos, como una obra de del pintor portugués José Santa-Bárbara inspirada en Memorial del convento. Recoge el momento en el que el rey João V observa los planos del futuro convento-palacio de Mafra ante el obispo y el franciscano confesor de la reina. Al fondo, entre los personajes que observan la escena, se encuentra el propio Saramago.

En la cocina, participando de la hospitalidad de esta casa, se puede disfrutar de un café portugués igual que hicieron Susan Sontag Eduardo Galeano, Carlos Fuentes, José Luis Sampedro y otras muchas personalidades cercanas al escritor.

Esta estancia se abre al jardín donde el matrimonio fue plantando árboles que llenaron de vida un erial: palmeras, pinos canarios, membrilleros… Y olivos, sobre todo olivos que recuerdan la Azinhaga natal de Saramago.

En el libro José y Pilar (Alfaguara, 2013), donde se recogen las conversaciones que el matrimonio mantuvo con Miguel Gonçalves Mendes, se dice que el ideal de vida de Saramago era ser un árbol: estar, alimentarse de la tierra, crecer, abrirse y dar frutos o flores si hubiera que darlos, y vivir el tiempo que se tenga que vivir. Así de simple, y así vivió él.

José Saramago murió en su casa un día que en principio iba a transcurrir de manera habitual. Después de desayunar sintió la necesidad de descansar un poco y regresó al dormitorio. En la intimidad de su hogar, de manera plácida, abandonó la vida.

Al lado de la casa le sobrevivió su biblioteca, un lugar construido por Pilar del Río como un regalo para su marido. Allí se sentaba a trabajar cada mañana, rodeado por los libros que escribió y por las obras de los autores a los que admiró. Ahora aquellos volúmenes continúan allí, como testigos de ese tiempo.

Quien quiera saber más detalles sobre esta casa puede hacerlo a través de su página web, donde se ofrece gran cantidad de información útil para planificar una visita. Sin duda, estar allí y recorrerla es la mejor manera de vivirla y de conocer en profundidad a José Saramago: él nos espera en Tías.

https://acasajosesaramago.com/
Belén Lorenzo

Tenerife 100% Vida

Escritora, historiadora del arte y musicóloga, ejerce profesionalmente como archivera. Mantiene los blogs literarios: «Todas las palabras cuentan» y «Relatos para leer de pie»

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