5 razones para viajar en invierno a Lanzarote

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5 razones para viajar en invierno a Lanzarote

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El frío entumece nuestro biorritmo, sí, pero hay vida más allá de la manta y la serie de moda en Netflix. ¿Y si te regalas un viaje para conocer la versión más reconfortante de Lanzarote?. Temporada: de diciembre a marzo. Ventajas: rutas alternativas y eventos irrepetibles. Cambia el chip y olvídate de la típica estampa invernal que luce el hemisferio norte: estás en la isla de los volcanes, a menos de 100 kilómetros de África. Seca, chata y diferente a casi cualquier isla que hayas recorrido en tus viajes, Lanzarote en invierno vive entre los 16 y los 23ºC, embriagada por una persistente sensación de humedad marina.

Te contamos los encantos que ofrece esta época para conocer la tierra de César Manrique.

1) Filtro Lanzarote: una luz de otro planeta

Si tu aterrizaje coincide con el atardecer, tendrán que atarte amablemente las manos para que no dispares una ráfaga de fotos por la ventanilla del avión. Un mar de nubes rosas, un skyline rural de montañas suaves y redondeadas, tupés de espuma blanca sobre las olas… Lanzarote en invierno está barnizada por la luz más suave de todo el año. Eso no significa que el índice ultravioleta deje de ser alto: es necesario usar gafas de sol y crema solar los 365 días del año. Abre Google Maps y apunta: puedes observar las barquillas en el Charco de San Ginés, mirar hacia Fuerteventura desde el Faro de Pechiguera, buscar tu propio horizonte en el espectacular Mirador de Guinate o en el recoleto Mirador de Guiguan, aspirar el aroma a salitre y algas en el muelle de Caleta de Famara, ver caer el sol en Los Hervideros o desde las Salinas de Janubio. Aparca tu Instagram y desconecta para bañarte a mediodía en las playas más protegidas del viento, en la paradisíaca Papagayo o en la recoleta Playa Chica. La temperatura del agua ronda los 19 ó 20ºC.

2) Tiempo de potajes (y de reivindicar la legumbre)

Sabrosa, pero sencilla y llena de matices. La auténtica gastronomía lanzaroteña se fundamenta en el uso de productos locales, cocinados con el raciocinio de quien hace un uso responsable del fuego y la despensa.

En invierno persisten iconos conejeros como las papas con mojo o los pescados ‘a la espalda’, pero muchos sentimos la llamada del potaje. Las legumbres son un clásico de las cocinas de medio mundo y un producto rey en esta isla de secano que fue durante décadas el granero de todo el archipiélago canario.

El caldo de millo (maíz) alegrado con costillas de cerdo es una de las delicias más reconstituyentes de las casas conejeras y de los restaurantes tradicionales, igual que el potaje de lentejas, las arvejas (guisantes) compuestas o el escaldón de gofio, un guiso preparado con harina tostada de millo y un buen caldo de pescado. Son platos económicos con un alto valor nutricional y que revelan la historia de supervivencia que ha vertebrado la vida en esta isla. ¿Más? Mucho más. Las navideñas truchas de batata, las carnes a la brasa (conejo, cabrito), la cabra estofada, los quesos, la morena frita… Todo bien regado con una copa de malvasía volcánica o una cerveza artesana local (otra forma de catar cereales).

3) Dormir en una casa tradicional (o en un palacio)

Cada vez son más los viajeros que se hacen preguntas sobre las realidades del lugar que visitan. Quieren saber cómo se llaman los aperos de labranza, qué es una tunera, quién fue Manuel Díaz Rijo o por qué unas pocas gotas de lluvia hacen brotar hierbas verdes fluorescentes en los cráteres de los volcanes.

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Elegir un alojamiento rural o un hotel patrimonial puede ser una forma de saciar tu curiosidad, ya que suelen estar gestionados por personas de trato cercano que además son excelentes conocedoras del patrimonio de su isla.

A las seis de la tarde, la luz muere y el cuerpo del viajero agradece un espacio acogedor. Navega y decide:
• Una finca agrícola reconvertida en un bed & breakfast con ventanas panorámicas al paisaje protegido de La Geria.
• Un palacio de 1690 reseñado en el libro Arquitectura inédita de César Manrique y decorado por una artista.
• Una casa rural restaurada según los cánones de la arquitectura tradicional y comprometida con la sostenibilidad.
• Una antigua casa de medianeros del siglo XVIII en Güime.
• Una vivienda patrimonial en Mozaga.
• Una casa en el valle de las mil palmeras con un jardín donde recoger fruta del árbol.
• Una casa de veraneo del siglo XIX, en El Golfo , restaurada en los años 60 por César Manrique.
• Un hotel rural rodeado de viñedos y con vistas al Parque Nacional de Timanfaya.
• Unos grandes almacenes de 1923 reconvertidos en apartamentos rurales cobijados por la sombra de un palmeral.

4) Eventos que sólo podrás disfrutar en esta época

Aquí va una lista de algunas de las citas imprescindibles del invierno en Lanzarote:
• El Quemao Class reúne a los mejores riders del mundo para cabalgar una ola majestuosa que rompe en La Le llaman el Pipeline europeo. El campeonato se celebra en algún momento entre noviembre y marzo, cuando el mar lo decida.
• La Muestra de Cine de Lanzarote se ha convertido en un referente del cine de Su encanto: su diversidad y su apuesta por la cantera.
• El Festival Enogastronómico Saborea Lanzarote es el mayor evento gastronómico de Canarias y se celebra el último fin de semana de noviembre en Teguise, antigua capital de la isla y conjunto histórico-artístico.
• El Festival de Música Clásica de Canarias con conciertos en espacios subterráneos como el auditorio de Jameos del Agua o la Cueva de los Verdes.
• Los Carnavales que se celebran en todos y cada uno de los pueblos de la isla (y de los que te hablaremos con mucho detalle en otro post).

5) Cultura contemporánea, arquitectura, identidad

“Lanzarote se ve en cinco días”. “Lo que más tienen es sol y playa”. Dos frases tan ciertas como que la Tierra es plana.

El invierno invita a ver exposiciones en los Centros de Arte Cultura y Turismo o en las galerías de arte públicas y privadas que existen en la isla.
El Almacén acoge la vanguardia creativa canaria y la Casa Amarilla te sumerge en la memoria histórica de la isla.
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Una puede incluso trazar su propia ruta en busca de las curiosidades más hermosas de la arquitectura conejera. ¿Y si alzas la mirada y reparas en las chimeneas de las casas tradicionales? Esas simples salidas de humo constituyen un verdadero primor arquitectónico: encontraremos ejemplos humildes en mampostería y piedra, estilos bizantinos y algunas señoriales, con distintos pisos y formas geométricas.

Las casas vernáculas de Lanzarote -armónicas, ecológicas, defendidas a ultranza por Manrique-, las casas con escalinatas directas a la marea, el neoclásico canario del antiguo parador de turismo, la arquitectura burguesa de la Casa Fermín Rodríguez,

los muros de piedra seca de La Geria o la sorprendente Escuela de Arte Pancho Lasso, construida en 1971 por los arquitectos Enrique Spínola y Jesús Trapero, son algunos de los variados ejemplos arquitectónicos que puede ofrecerte una ruta alternativa por la poliédrica Lanzarote. Tu cuerpo interpretará el invierno lanzaroteño en función de los momentos que elijas (¿manga corta para tomar el vermut al sol?, ¿forro polar para ver las estrellas?), pero ten por seguro que tu mente, vista como vista, volverá a casa más feliz.

Créditos:
Turismo Lanzarote
Web: www.turismolanzarote.com

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